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LiteraturaFilosofía5 February 20256 min

Vive las preguntas

Las cartas de Rilke a Franz Xaver Kappus y la práctica de sostener una pregunta el tiempo suficiente para que cambie.

En 1902, un cadete militar de diecinueve años llamado Franz Xaver Kappus le escribió a Rainer Maria Rilke para pedirle una evaluación de sus poemas. Rilke respondió con algo más útil: un modelo de cómo vivir con preguntas que no tienen respuesta. “Quisiera rogarle, estimado señor”, escribió, “que tenga paciencia con todo lo no resuelto en su corazón y trate de amar las preguntas mismas”. Las cartas que siguieron durante varios años están entre los textos más generosos jamás escritos sobre la vida creativa.

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Agrega preguntas y observa cómo envejecen. La barra de progreso no mide cuándo encontrarás una respuesta, sino cuánto tiempo has vivido con la pregunta. Las preguntas sostenidas el tiempo suficiente evolucionan: se vuelven más específicas, más personales, más cercanas al lugar donde realmente vives. La respuesta, si llega, llega desde dentro de la pregunta transformada.

Rilke tenía veintisiete años cuando comenzaron las cartas. Franz Kappus tenía diecinueve. El intercambio duró cinco años. Lo que Rilke hizo en estas cartas, escritas en su mayoría desde París, a veces desde Roma, siempre desde dentro de una vida creativa exigente, fue extraordinario: tomó la ansiedad de un joven sobre la poesía y la transformó en un marco para vivir. No porque la poesía y la vida sean lo mismo, sino porque las preguntas que una persona hace sobre si su trabajo creativo es lo suficientemente bueno son, al final, las mismas preguntas que se hace sobre si ella misma es suficiente.

El mal uso de las respuestas

El consejo más radical de Rilke es también el más contraintuitivo: deja de buscar respuestas. Esto no es oscurantismo. Es una observación psicológica precisa: las respuestas, cuando llegan demasiado rápido, impiden el crecimiento que solo puede producirse al vivir con una pregunta. A una persona a la que se le dice la respuesta a “¿qué debería hacer con mi vida?” a los veinte años se le ha robado la década de exploración que habría hecho que esa respuesta tuviera sentido. La pregunta debe ser habitada. Debe hacer su trabajo en ti.

Quisiera rogarle, estimado señor, lo mejor que puedo, que tenga paciencia con todo lo no resuelto en su corazón y que trate de amar las preguntas mismas, como si fueran habitaciones cerradas o libros escritos en una lengua muy extranjera. — Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta

La soledad como recurso

El otro gran consejo de Rilke en las cartas trata sobre la soledad. Distingue entre la soledad dolorosa, la conciencia dolorosa de estar solo, y la soledad fértil: la condición de estar contigo mismo de una manera productiva y necesaria. Sostiene que la soledad no es algo de lo que haya que escapar, sino algo que debe cultivarse. La persona creativa debe aprender a sentirse cómoda con su propia compañía, debe aprender a escuchar sus propios pensamientos sin buscar inmediatamente compañía para ahogarlos.

El propio Rilke vivió este consejo de manera imperfecta y a gran costo. Sus compromisos con su soledad y su trabajo creativo a menudo fueron en desmedro de sus relaciones y, finalmente, de su salud. Conocía el costo. Lo pagó de todos modos y escribió sobre ello con claridad. Las cartas no son el consejo de un hombre que había resuelto el problema. Son el consejo de un hombre que lo había pensado con mucho cuidado.

Cómo se ve vivir hasta llegar a la respuesta

Rilke describe el proceso: “quizá, gradualmente, sin siquiera notarlo, algún día lejano vivirá hasta llegar a la respuesta”. Esto no es pasivo. Requiere vivir: un compromiso real con las condiciones de tu vida, experiencia real, atención real a lo que está ocurriendo. La respuesta no llega como información. Llega como un cambio en la persona que pregunta. Un día la pregunta ya no es una pregunta, no porque haya sido respondida, sino porque te has convertido en alguien para quien esa ya no es la pregunta. Ha emergido una pregunta distinta. Esa pregunta también debe ser vivida.