Nietzsche presenta el eterno retorno en La gaya ciencia de una forma deliberadamente extraña: como un experimento mental entregado por un demonio. Supón, dice el demonio, que debes vivir tu vida otra vez, exactamente de la misma manera, infinitas veces. Cada alegría, cada dolor, cada momento de aburrimiento, cada arrepentimiento: una y otra vez, sin cambios. ¿Qué te hace sentir eso? El punto de Nietzsche no es que esto vaya a ocurrir. El punto es que la sensación de tu respuesta te dice algo verdadero sobre cómo estás viviendo.
Revisa cada momento en la rueda que gira y responde la pregunta del experimento mental de Nietzsche: ¿lo vivirías de nuevo, exactamente como fue? La alegría, el dolor y el tiempo ordinario cuentan por igual. La prueba no es si apruebas el pasado, sino si puedes afirmar la vida entera que lo contiene.
Nietzsche presenta el eterno retorno no como una afirmación metafísica, sino como un experimento mental con apuestas máximas. Supón que un demonio te dice que debes vivir esta vida otra vez, en exactamente la misma secuencia, infinitamente. ¿Cómo reaccionas? La reacción, sugiere Nietzsche, es diagnóstica. Si la idea te aplasta, algo está mal en la forma en que estás viviendo. Si la idea te llena de alegría, si puedes decir “da capo” a tu vida, entonces estás viviendo como deberías.
El peso del pasado
En Así habló Zaratustra, Nietzsche introduce la idea a través del concepto de voluntad de poder: no poder sobre otros, sino la capacidad de afirmar. La pregunta central es si puedes afirmar no solo las cosas buenas, sino el conjunto completo: el sufrimiento, la humillación, la pérdida, las partes que reescribirías si pudieras. Esta afirmación es lo que llama amor fati: amor al destino. No resignación ante él. No aceptación de él. Amor por él, como aquello específico que te produjo.
Mi fórmula para la grandeza en un ser humano es amor fati: no querer que nada sea distinto, ni hacia adelante, ni hacia atrás, ni por toda la eternidad. No solo soportar lo necesario, y mucho menos ocultarlo, sino amarlo. — Friedrich Nietzsche, Ecce Homo
La versión práctica
El eterno retorno como criterio de decisión: antes de actuar, pregunta si estarías dispuesto a hacer esto infinitas veces. Esto es más estricto que “¿sería bueno para mí?” e incluso más estricto que “¿me arrepentiría de esto?”. Pregunta: ¿podría afirmar esto de manera tan completa como para elegirlo otra vez, sin reservas, para siempre? La mayoría de las decisiones se ven distintas bajo esta prueba. Algunas cosas que parecían aceptables se vuelven claramente incorrectas. Algunas cosas que parecían pequeñas se vuelven claramente importantes.
La propia vida de Nietzsche vuelve incómoda esta idea: pasó gran parte de ella con dolor, aislado socialmente y con un deterioro mental cada vez mayor. Entró en una locura permanente en 1889 y murió en 1900 después de once años de incapacidad. El eterno retorno, como prueba que él mismo planteó, pregunta: ¿podría afirmar todo esto? Hay evidencia de que, en sus periodos más lúcidos, creía que sí. Esto es delirante o el acto de autocreación más extraordinario en la historia de la filosofía.
Contra el arrepentimiento como forma de vida
El eterno retorno es, en parte, un argumento contra el hábito del autocastigo retrospectivo: repetir mentalmente los errores, desear que las cosas hubieran ocurrido de otra manera, cargar el pasado como un peso en lugar de usarlo como un recurso. Nietzsche no está diciendo que el pasado haya sido bueno. Está diciendo que tu relación con él determina si te vuelve más fuerte o simplemente más pequeño. El pasado como algo que afirmar es una relación distinta al pasado como algo de lo que escapar.